Reflexiones 

Odio a esa ciudad,

Por toda esa gente,

Que se han ido

Para volver tan rápido 

Y seguir como antes 
Odio a esa ciudad,

Por tanta gente,

Que se han ido,

Para nunca volverse, ni decir 

Ni una palabra más 
Odio a esa ciudad,

Por mi misma,

Que yo me he ido,

Para nunca volver y he vuelto 
Odio esa ciudad 
Por mí misma

Que yo me he ido,

Para nunca volver y he vuelto 
Odio a esa ciudad,

Por ti. 

Que te has ido, diciendo que

Vuelvas 

Pero nunca lo harás 

La puerta

La lluvia tocando a la ventana,Tan fuerte, que me da un susto.

Mientras busco las velas por un posible corte de la electricidad

Se abren las cortinas.

Es uno de esos momentos tan raros,

Una tormenta fuera, mueve lo que hay dentro,

Mientras las ventanas están cerradas.

Un momento me quedo quieta,

Pero, sabiendo que, probablemente no fuera nada, sigo buscando.

Las encontré.

En la esquina detrás de una estantería,

Se cayeron. Probablemente cuando tu la chocabas la última vez.

La última vez y escucho el trueno.

Casi una eternidad se lo puede escuchar.

Una eternidad es lo que me queda.

Enciendo una vela y miro la llama.

Observando las sombras que provoca.

Una eternidad. 

O solo es un instante. 

Un instante y de repente siento un corriente de aire.

La llama, ya no está.

Las ventanas cerradas.

No lo entiendo.

Es como si hubieras desaparecido totalmente y ya no volverás a aparecer. 

En un instante. La llama.

Te fuiste como la llama. 

Busco el mechero para encender la vela de nuevo y veo la puerta.

Queda abierta, solo un poquito.

Entra el aire.

Voy por la puerta a cerrarla,

Pero justo antes me quedo otra vez,

Quieta.