Sin vos

Sin vos no soy nada ni nadie.

Hasta en la soledad sos la razón por la que vivo.

Sos la razón por la que escribo poemas, lleno de amor cuando nos amábamos.

Sos la razón por la que escribo historias de odio, cuando me dejaste ahí sola. Cuando me tenias tanto rencor.

Sin vos no soy nada, me das inspiración y por vos respiro. Es por vos que empiezo cada día de nuevo aunque me cuesta. Es por vos que lloro días sin parar.

Todo por vos.

Me das el aire que respiro y me lo quitas cuando sea el tiempo.

Vivo por vos, sos la única razón.

Por vos.

Siempre.

Hasta el último respiro.

Vos – la vida.

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El ciego

Me lo dijiste así. 

El día cuando te quedes ciego, te vas a quedar con ese imagen de mi. Yo. Sonriéndote. La primera vez. Aún joven, sentada en tu cocina con nada puesto aparte de mi sonrisa. 
Cada día te queda menos luz. Y me fijo de ti, cambiándote. 

Tantas peleas por unos estupideces, tu, diciéndome que no entendiera nada. 

Cada día que te queda menos luz, te cambiaste. Menos peleas, el sexo, más intenso. 

Mis problemas, mis locuras, más entendible para ti. 
Y yo te lo dije así. 

El día cuando te quedes ciego me vas a ver la primera vez de verdad. Con todas mis locuras, mis fallos y con todo el amor que tengo para ti.

 Me vas a ver, totalmente desnuda. 

Sueños

Es la primera vez en mi vida que no tengo un plan. O sea, tengo un plan, pero solo uno de corto plazo, uno que me obligan a cumplir. Y después?Después puedes hacer lo que te da la gana. Eso pensé. Pero no. No puedo hacerlo. He dejado de soñar. 
Siempre tenía una idea muy clara de lo que quiero conseguir en mi vida. Tenía mis sueños. Algunos se cumplieron. Otros no. Por supuesto. Pero los tenía. Perseguía mis sueños, aunque era difícil, aunque parecía imposible, aunque cada vez me encontraba con otro obstáculo. 

Lo tenía todo muy claro. 
Y sí que lloraba. Varias veces. Pensaba que fuera imposible conseguir esa cosa o la otra. Y a veces lo era. Pero seguí. 

Hasta ahora. 
De repente me he dado cuenta de que me metí en una situación sin salida. No es exactamente bien dicho. Siempre hay una salida. Pero a veces no hay solución. O la solución no te dará lo que buscas. Esa salida va exactamente a la nada. 

A un mundo sin sueños. Y eso es exactamente qué nunca podía entender en otra gente. Cuando se conformaron con una vida que no amaban, solo porque era lo más práctico, lo más fácil. 
Luchar. Tienes que luchar por tus sueños. Siempre lo dije. Pero si la lucha es imposible?

Nada es imposible. Es lo que dije. 

Pero ahora, siento que eso tampoco era verdad. 

Aquí estoy. Mis sueños se reemplazaron por un “voy a sobrevivir”, pero no por un “voy a sobrevivir para que pueda llegar algo mejor un día” solo por seguir con la vida, que ya es una vida sin nada. Porque sin sueños y planes, aunque sean imposibles la vida me parece como en gris. 
Y sigo allí esperando que el viejo sueño me llama y me dice que aún hay esperanza, que aún vale la pena luchar. 

Que me llene otra vez y me da energía por seguir. Lo que sea. Algo, con transcendencia. Y si solo sea una transcendencia de mi punto de vista. 

Instantes.

Mi amor murió en un instante. Me fueron las ganas de verte,

Me fueron las ganas hablar contigo. 

De un instante al otro. 

No fue exactamente por lo que dijiste,

O por algo que hiciste. 

Quizá fue más por algo que pasó o nunca pasó, hace mucho. 

Los instantes en que me quedaba sola,

Esperándote y esperando a un día mejor. 

Y de repente cuando me ofreciste todo que esperaba tanto tiempo: 

Murió. 

El amor me miraba y me dijo adiós. 

Se fue corriendo y me dejó la rabia. 

La rabia porque tardaste tanto en solucionar las cosas,

La rabia porque no me dejas ir sin esperanza. 

Porque lo malo es saber que ya lucharas, mientras yo no puedo más. 

Probablemente sabía mucho que llegara el día de despido. 

Pero me imaginaba que fuera yo que se encontrará amándote sola. 

Imaginaba que yo fue la lastimada. 

De algún modo lo soy. 

Porque lamento dejarte así. 

Viendo tu cara de ignorancia,

No sabiendo que nunca se volverá. 

En lo que era. 

Si. A mí también me duele. 

Me duele dejarte en el momento en cual te conviertes otra vez en la persona de cuál me enamore. 

En la persona que llamaba mi amor. 

Mi amor. 

Se fue. 

Me dejó. 

Y ya te dejo a ti. 

Adiós en cuatro jornadas

 

PRIMERO:

 

Olvidaré tu voz.

Ya no me puedo acordar,

Si fue tan bajo como me imagino.

Intentaré torpedear olvidar tu cara también. Tendré un montón de sueños y intentaré acordarme de cada detalle de ti. A veces hablaremos por teléfono. Intentaremos superar la distancia.

 

SEGUNDO:

 

Empezaré con rituales que nunca tenía antes.

Rituales que eran tuyos, ya son mías.

Haré las cosas que quería hacer hace meses, pero nunca tenía tiempo. Estas cosas que a ti te hubieran gustado.

 

TERCERO:

 

Intentaré olvidarme de tu cara, tu voz, tus maneras de vivir.

Pero cada vez que lo intento me salierán mas recuerdos bonitos contigo. Desesperada te escribiré otra vez.

 

CUARTO:

 

Aunque quería olvidar todo, no podré.

Pero actuaré como si nada. No te llamaré ni intentaré otra cosa. Aun lo quiero.

Me quedaré con mis recuerdos sin hablare nunca jamás contigo.

Me había equivocado.

“equivocarse – (=confundirse), tomar una cosa por otra y actuar de manera errónea”

 

Me había equivocado.

En mi camino. De nuevo.

Estaba desgraciada.

Hoy, pienso, que estaba feliz.

Sin notarlo.

Pero, hay una cosa que siempre,

pues, digamos, casi siempre –

estorba la felicidad:

 

Tenemos que decidirnos.

 

No me refiero de decisiones en general.

Me refiero de decisiones de simplemente entre dos cosas:

Tu vida profesional y tu vida privada.

Digamos:

Tienes que decidirte entre amor y tu carrera.

Algo que, hoy en día, en nuestro mundo,

pasa siempre, porque no podemos estar feliz,

si no tenemos ambas cosas.

 

Todavía oigo las voces que me dijeron:

“No puedes quedarte con alguien,

solo para estar con él, si no puedes seguir

con las cosas que quieres,

porque un día vas a odiarle por esto.”

O

“Como puedes dejar la persona que amas,

para marcharte y seguir con algo,

que quizá no te haré feliz.”

 

Ya!

 

Ahora.

Me he equivocado. De nuevo.

Estoy feliz. Con lo que tengo.

Pero noto que me falta…

Si, le extraño. Si, estaba feliz.

Si estoy feliz, ya.

Y no.

Siempre falta algo.

Y me decidí.

Para uno de dos caminos.

No sé, si fue el camino correcto.

 

Quizá.

 

Me equivoqué.

 

 

Prisionera

Otra noche así, me desperté,
con gritos, sudando.
Esta en mi cabeza,
y no puedo, no puedo escapar…
Quiero, yo quiero olvidar,
si no te hubiera conocido,
no estaría prisionera.
Tu ambivalencia,
me deja en una cárcel.
No puedo moverme,
ni adelante, ni átras.
Tengo que liberarme,
de tus ataduras, corazón.
No puedes atarme,
para tenerme,
en tu pequeño reino.
No soy tuya,
déjame libre, corazón.
Me siento como un pajaro,
en su pequeña jaula.
Me has cortado las alas.
Has tomado mi voz.
Dejame cantar, dejame volar.
Dejame libre, corazón,
por favor, y te prometo,
regresaré con mi alma
el día siguiente,
y juntos, cantaremos,
la canción de libertad.