About rikemaria

Fashion Design Student from Berlin.

Encerrada

Me quedo quieta.

La respiración muy baja. Los ojos casi cerrados.

Me toca.

Cada toque se siente como un insecto estuviera picándote pero no lo puedes quitártelo de encima.

No me muevo, no. Lo aguanto.

Intento no oler al sudor: No respires tan profundo! Cálmate!

Mis gritos son mudos. No me muevo- y no voy a gritar.

Mis lágrimas, invisibles. Las encierro dentro de mi cabeza, con los gritos, con ese mal olor.

Por fuera hay casi un silencio total. Solo se escucha su respiración fuerte, se huele su mal olor.

Yo no estoy allí. Físicamente, quizá.

Pero no me puede tocar… por dentro.

Desvanecer 

Realmente necesitaba muchísimos años para entender realmente, que el tiempo no se puede recuperar. Los momentos que perdimos están perdidas para siempre. 

Y a veces noto, que mis recuerdos se desvanecen. 

Aunque hago todo para recuperar cada recuerdo en mi imaginación. 

Y después hay las heridas. 

Nos dicen que van a desvanecerse también. 

Pero no es verdad. 

Hay heridas que duelen toda una vida. 

El tiempo solo nos ayuda a no pensarlas tanto como antes. 

Pero un día te levantes y esa herida está sangrando de nuevo como si hubiera sido hoy. 

Y no puedes hacer nada. Estás ahí. Con tus recuerdos desvanecidas y tus heridas frescas. 

El tiempo se va. 

Cada día queda un día menos para vivir locamente y un día menos para volver a encontrarte con tu piel incólume. 

El día X

Se nos fue todo de las manos cuando llegó esa carta. A veces deseaba que nunca la hubieras abierto.                               En el fondo se que eso no hubiera cambiado nada.  

Esa carta marcaba el día X. 

El día X que nos quitó la felicidad. Nos quitó nuestros sueños que soñábamos juntos y nos quitó – nuestra libertad. 
Tantas veces que me imaginaba: “Si solo hubiera reaccionado de otra manera”.                                 Pues no, la carta llegó y no había salida.                                               Pero mientras la buscábamos perdíamos el respeto. El uno para el otro.                                                 Yo, en tus ojos, ya no podía hacer nada correcto. Tu, en mis ojos, trataste el tema de modo inadecuado. 

Lo que realmente perdíamos después del día X era disfrutar nuestro tiempo juntos. Disfrutar el tiempo que nos quedaba.                Lo hemos cagardo corazón. Totalmente. No podía mirarte sin llorar y tú no podías hablarme sin enojarte conmigo.                             Yo te odiaba por no respetar mis propuestas que me pediste. Tu me odiabas por no entenderte. 

Así se nos fue todo de las manos. Ningún día más en el parque debajo del sol riéndose de estupideces. Ninguna noche más con demasiado champán, una pelea de locos y la conciliación más linda del mundo.                   Después, solo nos peleábamos por la carta, sin darnos cuenta que el día X cada día nos llevó más cerca al día de la separación. 

Hoy me pregunto, si allí, donde estés, se bebe champán, y si mientras me imaginas sonriéndote, un poco borracha, diciendo locuras. Si allí te puedes acordar del parque y de los vistazos de envidia de la otra gente por nuestra felicidad. Si te acuerdas como bailábamos, como cantábamos, como me tocaste esa canción y te escuchaba amándote cada momento más.                        No se si allí, donde estés, has traído tus recuerdos. Pero, si los has traído olvídate de todo después del día X. Lo que cuenta es todo antes, cuando nuestro amor era puro. Antes de que querían separarnos. 

Cuando llegó esa carte, destruyeron nuestras vidas. No solo la tuya. La mía también. 

Reflexiones 

Odio a esa ciudad,

Por toda esa gente,

Que se han ido

Para volver tan rápido 

Y seguir como antes 
Odio a esa ciudad,

Por tanta gente,

Que se han ido,

Para nunca volverse, ni decir 

Ni una palabra más 
Odio a esa ciudad,

Por mi misma,

Que yo me he ido,

Para nunca volver y he vuelto 
Odio esa ciudad 
Por mí misma

Que yo me he ido,

Para nunca volver y he vuelto 
Odio a esa ciudad,

Por ti. 

Que te has ido, diciendo que

Vuelvas 

Pero nunca lo harás 

El ciego

Me lo dijiste así. 

El día cuando te quedes ciego, te vas a quedar con ese imagen de mi. Yo. Sonriéndote. La primera vez. Aún joven, sentada en tu cocina con nada puesto aparte de mi sonrisa. 
Cada día te queda menos luz. Y me fijo de ti, cambiándote. 

Tantas peleas por unos estupideces, tu, diciéndome que no entendiera nada. 

Cada día que te queda menos luz, te cambiaste. Menos peleas, el sexo, más intenso. 

Mis problemas, mis locuras, más entendible para ti. 
Y yo te lo dije así. 

El día cuando te quedes ciego me vas a ver la primera vez de verdad. Con todas mis locuras, mis fallos y con todo el amor que tengo para ti.

 Me vas a ver, totalmente desnuda. 

La puerta

La lluvia tocando a la ventana,Tan fuerte, que me da un susto.

Mientras busco las velas por un posible corte de la electricidad

Se abren las cortinas.

Es uno de esos momentos tan raros,

Una tormenta fuera, mueve lo que hay dentro,

Mientras las ventanas están cerradas.

Un momento me quedo quieta,

Pero, sabiendo que, probablemente no fuera nada, sigo buscando.

Las encontré.

En la esquina detrás de una estantería,

Se cayeron. Probablemente cuando tu la chocabas la última vez.

La última vez y escucho el trueno.

Casi una eternidad se lo puede escuchar.

Una eternidad es lo que me queda.

Enciendo una vela y miro la llama.

Observando las sombras que provoca.

Una eternidad. 

O solo es un instante. 

Un instante y de repente siento un corriente de aire.

La llama, ya no está.

Las ventanas cerradas.

No lo entiendo.

Es como si hubieras desaparecido totalmente y ya no volverás a aparecer. 

En un instante. La llama.

Te fuiste como la llama. 

Busco el mechero para encender la vela de nuevo y veo la puerta.

Queda abierta, solo un poquito.

Entra el aire.

Voy por la puerta a cerrarla,

Pero justo antes me quedo otra vez,

Quieta.

149

In seiner Wohnung ist alles wie immer. Alles noch da wo es vorher war. Sie wirkt wie immer ein bisschen leer, wie immer ein wenig unaufgeräumt. Er sitzt auf einem Hocker, sie ihm gegenüber, während er ihr das nächste Toastbrot reicht. 

“Ein bisschen wie früher”, denkt sie noch und das vielleicht doch alles wieder hier her führen sollte. 

Es ist ewig her, dass sie das letzte Mal hier war, ein gefühltes Jahrhundert – und während sie noch einen Bissen nimmt, spürt sie seine Blicke. Wie früher. So vertraut. Und doch irgendwie anders. 

Sie hatten sich gestritten, da in der fremden Stadt, dem fremden Land, in dem sie nie gemeinsam gelebt hatten. Eigentlich war es auch gar kein Streit. Mehr ein Abschied. So einer, nach dem nichts ist wie zuvor und man weiß, dass es nun kein Zurück mehr gibt. 
Und doch sind sie jetzt hier. Werfen sich verstohlene Blicke zu und frühstücken zusammen. So wie früher. Nur anders. 
Zwei Tage später sitzt sie auf dem gleichen Hocker, sie lachen. Noch ein bisschen irritiert von all dem was passiert ist. Sie fragt sich noch kurz wie seltsam das ist, dass nach all den Missverständnissen, nach den Abschieden und zu großen Unterschieden jetzt plötzlich alles sich so richtig anfühlt. Das sie nach all den Verletzungen sich wieder gefunden haben, zwischen ein paar Toastbrots, Sex in der Dusche, Sonnen im Park und langen Gesprächen über all das, was sie in all der Zeit nie ausgesprochen hatten. 
Es fühlt sich anders an. Aber anders besser. Er schaut sie an und grinst. 

“Lass uns noch in den Park gehen”, sagt er und nimmt sie an der Hand. 

Die Sonne im Gesicht, liegen sie ausgestreckt direkt auf dem Gras und träumen von einer besseren Zukunft. Er streicht ihr über den Bauch. Sie lächelt. Die Sonne und seinen Atem im Gesicht. 
Es sind noch 149 Tage bis dahin.