Encerrada

Me quedo quieta.

La respiración muy baja. Los ojos casi cerrados.

Me toca.

Cada toque se siente como un insecto estuviera picándote pero no lo puedes quitártelo de encima.

No me muevo, no. Lo aguanto.

Intento no oler al sudor: No respires tan profundo! Cálmate!

Mis gritos son mudos. No me muevo- y no voy a gritar.

Mis lágrimas, invisibles. Las encierro dentro de mi cabeza, con los gritos, con ese mal olor.

Por fuera hay casi un silencio total. Solo se escucha su respiración fuerte, se huele su mal olor.

Yo no estoy allí. Físicamente, quizá.

Pero no me puede tocar… por dentro.

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